4 de junio: recordamos a miles de niños inocentes

Dibujo de un niño que ha sido testigo de la violencia en Bujumbura (Burundi)

Dibujo de un niño que ha sido testigo de la violencia en Bujumbura (Burundi)

 

El 19 de agosto de 1982,  la Asamblea General de Naciones Unidas, «consternada ante el gran número de niños palestinos y libaneses que han sido víctimas inocentes de los actos de agresión de Israel», decidió conmemorar, el 4 de junio de cada año, el Día Internacional de los niños víctimas inocentes de la agresión.

El decir que niñas y niños son inocentes es una obviedad, es tanto como decir que el cielo es azul o que las hojas de los olivos son verdes.

Todos estamos de acuerdo en que la “inocencia” es una de las características más increíbles que puede poseer cualquier persona, aunque siendo honestos, sólo una niña o niño puede ser realmente “inocente”.

Todo nos asombra en esa etapa de nuestras vidas. No damos por hecho absolutamente nada.

Como Mauricio, de dos años, quien, delusionado porque ninguna de las escobas que ha encontrado “puede volar”, exclama: “¡Nos han vendido escobas que no sirven para nada!

Ojalá que todas las desilusiones de la inocencia de los niños y niñas fueran como esa, el descubrir que la magia es solamente un producto de nuestra imaginación, pero no, por desgracia no es así.

Una asistente social consuela a una niña en un centro asistencial en Kenia para niños que han sufrido violencia y trauma.

El día de hoy recordamos y revivimos la pérdida de miles y miles de vidas inocentes de niñas y niños producto de la más inútil (y estúpida) invención del hombre: la guerra.

En este día no solamente deben recordarse con tristeza a los niños y niñas palestinos y libaneses víctimas de la violencia, sino que debemos, no solamente recordar, sino evitar de aquí en adelante cualquier tipo de violencia contra niñas y niños.

Por desgracia, las formas de la violencia son tan diversas que algunas de éstas parecieran que no lo son, o que son menos culpables. Por ejemplo, cuando utilizamos una agresión para “disciplinar” a un niño que no ha cumplido con sus deberes.

Los datos muestran que muchos más niñas y niños experimentan la violencia en forma de disciplina, generalmente en sus propios hogares y desde una edad muy temprana. En promedio, aproximadamente 6 de cada 10 niñas y niños en todo el mundo (casi 1 mil millones) entre las edades de 2 y 14 son sometidos a castigos físicos (corporales) por sus cuidadores. En su mayor parte, están expuestos a una combinación de castigo físico y de agresión psicológica.

A medida que los niños crecen, se vuelven más vulnerables a otras formas de agresión, incluida la violencia entre pares, siendo más comunes las agresiones físicas entre los estudiantes varones. A nivel mundial, más de uno de cada tres estudiantes entre las edades de 13 y 15 de experiencia intimidación.

De manera más preocupante, encontramos los índices de la violencia sexual, especialmente contra niñas y adolescentes. Alrededor de 120 millones de niñas en todo el mundo (un poco más de 1 de cada 10) han experimentado relaciones sexuales forzadas u otros actos sexuales forzados en algún momento de sus vidas.

La violencia no solamente queda en lesiones graves o leves, puede terminar en la muerte. Solamente en el 2012, casi 95,000 personas menores de 20 años fueron víctimas de homicidio. La gran mayoría de las víctimas (85.000) vivían en países de bajos y medianos ingresos.

A medida que niñas y niños entran en la segunda década de sus vidas, la proporción de muertes causadas por lesiones intencionales, incluyendo homicidio, se hace mayor, especialmente entre los niños.

Estas cifras que se presentan a manera de ejemplo, nos dan muestra clara de los fallos que como sociedad hemos seguido repitiendo con los años. Ojalá que lleguemos al momento histórico en el que conmemoremos el cumplimiento de todos y cada uno de los preceptos consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño, no como ideales, sino como hechos reales.

Jose Lugo

Escrito por Jose Lugo

José es abogado de nacionalidad mexicana, con especialidad en derechos de la infancia y medio ambiente. Actualmente realiza sus estudios de doctorado en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, desarrollando el tema "La migración forzada de niñas, niños y adolescentes no acompañados o separados: Rutas, dificultades e impactos de una crisis humanitaria creciente".

 

 

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